Uno de esos días…

Nos levantamos ya un poco justos de tiempo. Parece que todo va bien. Por fin hemos conseguido vestir a los niños, que hoy no querían hacerlo solos. Pol se gira porque me ha dicho no sé qué y no lo he oído. Enseguida me doy cuenta de que hoy es uno de esos días. La rabieta hace que grite, llore y empiece a abrir cajones, tirar el papel higiénico, arrugar la alfombra, girar taburetes y no sé cuántas cosas más. Parece que se le pasa… pero no. Intento hablar con él pero no me escucha. Respiro. Esto pinta que va para largo. Sigue enfadado por el desayuno. «¡No quiero fruta! ¡No quiero pan! ¡No me gusta este queso!» Ponerse los zapatos también se convierte en una gesta. «¡Estos no! ¡Esos tampoco que se me caen!» (son los de siempre). La rabieta dura una hora. Miro el reloj, ya pasan de las nueve…

Se pelean con Laia en el ascensor. Llegamos al parking. Laia entra en crisis porque quería coger un buff y se lo ha dejado. Intento convencerla de que no le hace falta, pero no puedo. Yo entro en crisis. Volvemos a coger el ascensor hacia arriba, cogemos el buff, volvemos a bajar y por fin estamos en el coche. No hay gasolina. Lloro. Evidentemente llegamos tarde.



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