Desayunamos todos juntos. Me hago un café. Me siento.
Me levanto: Pol quiere que le corte el queso y no encuentro el cuchillo. Vuelvo a sentarme.
Me levanto: Laia quiere su vaso, este no. Vuelvo a sentarme.
Me levanto: se ha derramado algo. Me levanto: Laia quiere agua. Me siento. Me levanto a calentarme el café. Vuelvo a sentarme.
«¡¡¡Mamaaaaa!!!»
Me levanto: Pol no encuentra un zapato. Me levanto: Laia ya no quiere agua, quiere leche. Me siento.
«¡¡¡Mamaaaaa!!!»
Tercera vez que caliento el café. Me lo bebo frío, al final. Mañana lo pongo en un termo.
Sé que pasará. Que algún día se lo prepararán solos y yo desayunaré tranquila, todo el rato que quiera, el café caliente de principio a fin.
Pero de momento, no.
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