Me hago un café, y me siento. Me levanto a buscar una cuchara. Vuelvo a sentarme. Me levanto a buscar un vaso. Vuelvo a sentarme. Me levanto porque la leche no está lo bastante caliente, porque la cuchara no era la buena, porque mamaaaa. Me lo caliento otra vez.
Me siento. ¡¡¡Mamaaa!!! Me levanto. ¡¡¡Mamaaa!!! Vuelvo a sentarme. ¡¡Mamaaa!! Me levanto. ¡¡¡Mamaaa!!!
Hay días que lo único que pido es poder acabármelo sentada, en silencio, sin levantarme…
Ahora que lo escribo pienso que algunas de estas cosas ya podrían empezar a hacerlas ellos. Quizás el problema no es solo el café.
Sé que esto pasará. Que algún día se lo prepararán solos y yo desayunaré tranquila. Todo el rato que quiera. Y probablemente echaré de menos algo que ahora mismo no sé muy bien definir.
Pero hoy no. Y mañana, ya veremos.
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