Sobre el caos y otros descubrimientos…
Nunca creí que los calcetines pudieran desaparecer hasta que fui madre. Pues inexplicablemente pasa. Es un misterio universal. Estoy convencida de que hay un universo paralelo con todos los calcetines desparejados de mi hijo y mi hija, donde también hay clips, pelotitas de esas que botan mucho, piezas de puzle, algún cuento…
Hace una semana que el comedor está secuestrado por una multitud de vías, trenes, coches y camiones. Hacemos malabares para pasar de un lado a otro.
Al lado de las vías todavía queda un rincón para un tendedero plegable que lleva tres días ahí. Hay una cuchara de juguete dentro de mi zapato, piezas de construcciones en el baño, lápices en los cajones de la cocina, y figuras de animales repartidas por todas partes. Migas en el sofá. Libros apilados en cualquier sitio. Nos encantan los libros, pero ya no sabemos dónde ponerlos. Ciertamente, yo tengo algo que ver. Cada vez que vamos a la biblioteca nos llevamos quince libros a casa. Y además, tengo que confesar que soy una compradora compulsiva de cuentos.
He descubierto que puedo vivir con menos orden del que pensaba. Todo es cuestión de entrenamiento. Aun así, llega un momento en que el desorden me supera, y entro en modo «orden obsesivo». No puedo parar de recoger cosas. Recojo una y veo otra, y otra más allá y una al fondo. Los niños también recogen… un poco, pero yo ya estoy en un bucle destructivo. ¡Esto es un desastre, no puede ser! Y justo cuando estoy en medio del suelo recogiendo las piezas de un puzle, Laia se me cuelga a la espalda y me dice: «Mamá, te quiero». Sonrío y la abrazo.
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