Qué es (y qué no es) la Educación Viva

«Ah, eso es como el método ese de dejarlos hacer lo que quieran, ¿no?»

Me lo preguntan a menudo. Cada vez que alguien sabe que Pol y Laia van a una escuela de educación viva, llega esta frase, más o menos con estas palabras.

La Educación Viva parte del respeto al ritmo y a los intereses de cada niño. Hay un entorno pensado, preparado para que puedan elegir, explorar y equivocarse por su cuenta. Y hay un adulto al lado — acompañando con respeto, validando lo que siente el niño aunque no lo comparta, sin dirigir cada movimiento, pero tampoco ausente.

Lo que no es: no es dejarlo hacer todo. Tampoco es despreocupación ni falta de límites — hay límites, pensados desde el respeto. Y no es un método que garantice resultados concretos a un ritmo concreto — precisamente porque respeta que cada niño tiene su propio tiempo.

El entorno tiene mucho que ver. El entorno natural, tierra, agua, madera, plantas, animales, da al niño estímulos reales y cambiantes, que invitan a la experiencia directa. Y el aprendizaje se hace de forma natural.

Si me preguntáis de dónde me viene todo esto: me formé con Jordi Mateu, y los últimos años he trabajado en su escuela, Ca l’Aulet. Jordi es fundador y director del CAIEV, el centro que asesora y forma escuelas en Educación Viva, y lleva una década formando maestros. Autor también de La educación viva.




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